25 may. 2014

52 Madre e hijo


Bueno, acéptelo, usted está definitivamente afuera, perdido, no positivo. El tema tecnológico está tremendo: ya no solo no logra entender como funciona un teléfono portátil inteligente si no que las mejoras en el correo electrónico lo dejan perdido, bloqueado y lleno de furia ¿Adónde quedó la carpeta de correos no leídos!?
Está tan desorientado en la vida en general que cuando lee un titular de un diario digital y se mete a leer la nota, o sea, “hace doble click con el ratón”, aparece en el suplemento “Entre mujeres”. Ah! Socorro! “Descubre el punto G de tu pareja y estimúlalo con un disfraz de Quico”.
La única opción que le queda es ser millonario. Nadie se mete con un tipo lleno de ahorros, departamentos, y una buena jubilación. Pero como usted no tiene nada de esto, de hecho no tiene nada de nada, incluso le recuerdo que debe una guita, va a tener que jugarse el todo por el todo-que es lo mismo que el nada por el nada-a la “lotería Solitaria”. Es matemáticas.
Como no tiene la menor idea de qué número apostar, decide echarse una siestita en algún lugar. Camina como si tuviera algo pinchudo metido en el ano hasta dar con un lugar adecuado: Presentación de libro sobre “una interpretación del arte y la política en la década del 80 desde el punto de vista de un peronista bastante copado ”. Mejor imposible. Se acomoda entre unas tías de la autora y apoya suavemente su cráneo en el tapado de piel sintético de la más rellenita. Comienza la presentación y usted cae fulminado cuando escucha por primera vez la palabra “dialéctica”.
Se le arma se le forma una montaña de carne, grasa y huesos. Un ser con exoesqueleto manipula un hacha de hueso ultra filosa. Le aplica un golpe seco y rápido a un tipo que está en el suelo, y luego otro. Lo liquida. También hay plumas. Un segundo hombre prisionero es salpicado por la sangre. El malo le dice: vos tranquilo. De este tipo queda solo la cabeza y el torso. Sus otras partes fueron cercenadas y forman parte de la montaña de restos en la que trabaja el malo muy malo.
Grillos, saltamontes y cigarras de todos los colores y formas por toda la casa generan un sonido difícil y aterrador.
Una grabación en un casete, que al separar las voces dejaba al descubierto la voz de Dani, puteando en general contra todo. Es gracioso y triste.
Navarro Montoya con zapatos de señora mayor y algunos insectos más.
Una madre le dice a un hijo que tiene un aliento travieso.
En el colectivo 118 veo a una chica con una extraña enfermedad: Muñones en piernas y brazos, ojos cerrados como soldados, pelada, y con mínimos movimientos nerviosos muy eléctricos. Comentamos en voz baja con alguien que no lo soportaríamos y ella nos escucha. Dice en voz alta que está por “ordenarse”.
Camino por la vereda con Magda mientras como un bife de chorizo. El plato se sostiene de alguna manera frente a mi y yo manipulo los cubiertos. A medida que avanzamos, hay restos de carne cruda, grasa y huesos de vaca. Ella me menciona que es lo mismo que estoy comiendo en otro momento histórico.
Tengo un trípode de cámara. Aparece un hombre flaco de un departamento y decido asustarlo, amagándole con el trípode. El tipo lejos de asustarse lo esquiva como gambeteando. Decido partirle el cráneo a tripodazos. Sangra. Luego voy a una casa de “Offset”, imprenta o algo así y lo meto muerto en una bolsa para sacarle la sangre con una manguera. Veo un rato la rejilla, como sale la sangre espesa, veo el recorrido hacia atrás de la manguera y veo al tipo dentro de la bolsa, sin sangre casi.
Listo! Levántese indignado, grite alguna consigna contra el sistema de mecenazgo y salga a los empujones en busca de la casa de quiniela más cercana. Si trajo una terrible erección, acomode. Me le juega todo al 52. Mañana agarra, falta a todos lados y no avisa, que lo llamen. Ahora usted es el jefe.