29 oct. 2013

28 El Cerro




Tengo Parkinson y descubro el instante en que me agarra, por que me agarra. Subo al cerro Ornitorrinco y veo que me cuelgan del cuerpo lombrices enormes y culebras enanas. Si no manifiesto miedo no pasa nada, pero si por algún motivo pierdo el control el ataque será letal. 






Trepo mientras como un Sándwich de hormiga. Al llegar arriba veo a un tipo que asusta gente al grito de: ¡Inseguridad! Inseguridad!
En un anfibio conozco a Ramirito Lavitman que le canta a los gritos la canción completa a los boludos que usan ringtones. 

Una señora con un martillo le grita: ¡Basta de ok! Hay una escena con dos actores en un potro mecánico y cuatro viejitos de noventa años, que jueguen con los niños en la plaza. Es una especie de pelotero gigante en el que conviven ancianos con niños, todos en pañales y hablando de cualquier cosa al mismo tiempo.

Miro un tatuaje en castellano en el cuello de una joven china en el subte de Shangai: Ella se lo hizo en la Galería Bon Scott y cree que dice “el amor es invisible a los ojos”. En realidad dice “Banfield Kpo del sur”.

Conclusión: juego unos pesitos al 28, gano una guita, me vuelvo más piola e interesante, publico un paper y termino mi tesis, compro cosas, tiro el celular y me pongo otra joroba.