Offffff dice Martincho intentando expresar su relajación macocal. Uhhhh dice usted cuando su jefe lo cita para las 19 hs. en su oficina para hablar de una cosa. Ahhhh dice Kovalsky cuando le tocan el totolocho. Omnio athesia athesia dicen los manos cuando… ¿a qué quiere llegar? Concéntrese en lo suyo, haga lo suyo por favor. Bueno, es que quiero CAMBIAR, ahora quisiera ser… poeta. ¡¿qué?! ¡JAJAJAJAJAJA…! ¡JAJAJAJAJAJA…! ¡JAJAJAJAJAJA…! ¡JAJAJAJAJAJA…! ¡JAJAJAJAJAJA…! ¡JAJAJAJAJAJA…! ¡JAJAJAJAJAJA…! No, no, no, no, no, no se puede, ya hay muchos, olvídelo. Haga lo suyo, lo suyo. Poeta… ¡JAJAJAJAJAJA…!¡JAJAJAJAJAJA…!¡JAJAJAJAJAJA…! Dele.
Llega fin de año, momento de consumir de manera salvaje y mientras hurga a su hurón en la zona inguinal detecta misteriosamente que no le queda nada de tarasca, ni vento ni guita ni nada de nada. Solo amor, mucho amor paladar. Pero recuerda que en su alcancía de Papillón conserva desde hace 24 años una moneda de 1 Austral y eso es una moneda ¡A apostar! Tiene que poner todo ese capital a la cabeza y listo, a cobrar…! Momento, momento, momentito… ¿tiene el número? ¡¿Eh?! Ahhh lo del número ese… no, no, ni idea ¿qué hago? ¿me desfiguro la cara con ácido a ver que pasa? ¿Tomo puloi con hielo? ¿me hago escribano? ¿Me meto unas bolitas de miga en las narinas?
Comienza a deambular por Palermo Hipersensible en busca del lugar apropiado para partir hacia la zona franca. Camina, camina, se desata los cordones, camina, tira un papelito a ver si lo meten preso, camina y de pronto, el milagro: “tercer festival anual de encuentros de congreso de charla de evento nacional de micro mini emprendimiento regional de ciclo micro chip de arte intervenido invertido conceptual punto com”
Se acomoda entre dos señoras que con cara de patriotas critican a la Argentina como si ellas hubiesen dedicado sus vidas a mejorar el país, en fin, dan ganas de cagarlas a patadas en el culo, pero usted tiene que dormir unos segundos y traer el número mágico. No se distraiga. Siga por favor, dios mío, cada vez más dispersión! Acá hace falta un Hitler, un Luder, no sé, un Putin, un Trotsky, algo. Una hormiguita Ocaña. Alguien con una cara y extremidades, alguien del planeta tierra que tenga pulgar oponible y un PH, o un monoambiente tipo lofffft, no se, o una opción en un tiempo compartido, o un Hitler, que se yo. Digo, tampoco es que por mi obsesión con la segunda guerra mundial, y mis avioncitos para armar de la Luftwaffe, o la mención de la palabra judíos en todas y cada una de mis conversaciones, yo sea medio nazi, nada que ver, nada que ver… ¿listo? ¿sigue? Siga.
Se relaja, se sienta, mira de nuevo el título del evento y cae aniquilado, en una fracción de segundo. Se le arma se le forma un lugar parecido al Luna Park en el que se enfrentan el tipo más común del mundo contra el más raro. Luchan a muerte en una melaza de palma. O sea una sustancia parecida a la miel pero vegetal.
En una casa rodante está por tener relaciones sexuales con su señora actual pero a ella algo le molesta y lo manda al baño posiblemente a lavarse. Pero al intentar ingresar al baño, observa que la puerta está bloqueada por un stand de una convención. Encuentra otro baño, y se topa con un anciano turista anglo parlante muy ebrio que intenta explicarle que sin querer dejó un enchastre en el suelo. Usted lo ignora y hace pis, pero con mucha potencia y se salpica todo el calzado. Al salir enfila hacia su vehículo que es blanco y como se topa con una manguera, aprovecha y le lava el frente, despegando los miles de insectos aplastados. Caen polillas y mariposas. Luego ve a su novia, a otra novia suya anterior, mirando un mapa con las rutas ¿y ahora? Tampoco se haga el que tuvo muchas novias.
Parece que Andrés se mandó una cagada muy pesada en el mundo de los negocios y hay que rajar. Usted intenta agarrar sus cosas más preciadas: una linterna, una estampilla y un sacacorchos. Andi y sus acólitos empiezan a rociar todo con nafta. Al instante llegan los malos y parece que nosotros también seremos quemados vivos. La certeza de la situación genera terror y un poco de hambre.
Pasa la aspiradora por la parte de atrás de un sillón y además de pelusas y pelos largos de mujer, habita una colonia de bichos palo. Le pregunta a un Henry y se lo confirma. Dice: no hay que matarlos pues se comen a otros bichos malos. Pero ya es tarde, muchos murieron y le mordisquean agonizantes. Se le llena la piel de ronchas violetas virulentas, como globitos rojizos parecidos a meteoritos que pican y arden. Liliane le dice que “a lo mejor se le hace una reacción oclusiva muy peligrosa”.
Abre los ojos y está apoyado en la nuca de un peatón que escucha la charla sentado delante suyo y toma notas, pero como es muy gordo no siente el peso de su cráneo. Cree que es un nuevo efecto colateral de la gordura. Quiebre la cintura y gane la calle. Chupe su propio dedo índice, vea de que lado viene el viento, abra sus alitas de Tobi y déjese llevar hasta la casa de quiniela de la calle Cucha-Cucha. Le juega todo al 14. ¿mañana? Nada: agenda vacía, flotación, festejos, venganzas personales y palmitos.
