Hoy: Los Balcanes
Mi propio sabor de boca logró despertarme: Una mezcla de metales pesados, medicamentos vencidos y puré Chef.
Abrí los ojos y observé aterrado mi ubicación en el mundo: un comité radical de la provincia de La Pampa, en plena discusión por las candidaturas. Muchos tipos con bigote y casi muertos.
Salí corriendo con una dolorosa erección y un sobre en la mano. Reconocí rápidamente la letrita perversa del degenerado de Sikorsky, mi editor. Me detuve en una estación de servicio y pedí un chupito de aceite dos tiempos para asimilar el golpe. Mientras revisaba el sobre, y recuperaba el pulso logré acomodar la cosa en su lugar. ¿Por qué estoy en La Pampa?
En el sobre encontré dinero y un pasaje para Belgrado, en pleno corazón de los Balcanes. Mi misión, si deseaba aceptarla, consistía en una visita a las bodegas de los hermanos Juan Cruz y Juan Bautista Saric. Menudos plastas católicos, pensé en español antiguo mientras contabilizaba el dinero para gastos.
Luego de un rápido acopio de materiales útiles, enfilé para el aeropuerto provincial de Santa Rosa, un esperpento patético, con todo su lastre provincial a cuestas: Ay, ay, ay, soy del interior y todo me cuesta el doble, ¡pobrecito yo! Buenos Aires es malo y no me da lo que me merezco, ¡uy, uy! Que aeropuerto tan penoso, buu buu. En fin. Largo bostezo por todos estos años.
En el avión, solicité un Negroni para arrancar. Esto de visitar a un pueblo de eslavos podía convertirse en un programa muy muy angustiante. Al tercer Negroni me pareció una buena idea mandarles un simpático tweet a los tipos de la bodega: ¡Esclavos! Estoy llegando. Firmado: Unos vikingos… Perdón, quise decir… Eslavos ¡Amargos!
Dormí profundamente el resto del viaje y soñé que mi prima Laura me compraba un sacapuntas metalizado y una máscara de luchador mexicano. Era la del Santos y yo quería la del Místico. Técnicos contra Rudos.
Ruido a motores, mal aliento, hinchazón de pies y de huevos, síndrome de catalepsia, hornallas nasales resecas. Creo que aterrizamos en Belgrado. A primera percepción sobrenatural, un lugar nefasto.
Entre los múltiples esclavos que esperaban gente en el aeropuerto, distinguí a Slobodan, un gordito rosadete con una pinta de nazi chupamedias que volteaba.
En pocos minutos estábamos en camino a la finca de los hermanos Saric. El hombre quería conversar. Yo no. Arrancó con un balbuceo un poco irritante sobre fútbol. Si Messi esto en el Barcelona, si Messi esto otro en la selección Argentina. Perdón, perdón… ¿Y cual es el gran aporte del fútbol balcánico? ¿cuál fue la mejor ubicación en un mundial? Aha… o sea que ganar nunca ¡Hasta España ganó un mundial! ¡España! Aceleró y se comió un tremendo lomo de burro serbio, que son iguales pero más altos y jodidos. Porque en eso si son buenos los señores. Para ser carniceros y policías de poca monta si, pero para tirar un caño, una rabona o una pared, ni en cien años. Sigan, sigan discutiendo cual raza es mejor. Si, si, claro… ser bosnio es mucho mejor que ser croata aunque no tan bueno como ser macedonio, y ni hablar de la superioridad albano kosovar ¡Hagan un gol, esclavos!
Finalmente, me recibieron los hermanos Saric en plena plantación, a todo viñedo. Comenzamos con las degustaciones y en hora buena ya que el 85% de mi cuerpo permanecía paralizado. Me fui recuperando de a poco: Una copita de Beaujolais, un Merlot Syrah, un Malandrá Fifee y un buen Pinot Diane Denoir. Ahora sí, la cosa comienza a caminar. Las piernas se mueven, el cuero cabelludo reacciona y les pregunto a los hermanos y a un par de operarios de buen aspecto: amiguitos… lo de llamarse ESLAVOS… ¿es una broma? Es como llamarse GATOS LAVATAPER, o PUTOS FUMAPEDOS ¿no pensaron en cambiarse el nombre?
Se miraron perplejos (son eslavos y saben lo que es estar “PERPLEJOS”) uno carraspeó un poco y la cosa continuó su curso normal. Una copita de esto y otra copita de lo otro. Mmm, repito lo otro y repito un par de veces más para confirmar y doble doble chequear. Mo buo.
Llegaron los blancos semillón, los espumantes, y buche va, buche viene, ya estoy listo. Probamos el joven Chardonnay de provincia y aprovechando la llegada de los primos de los hermanos Saric y cuatro sobrinos de buen tamaño-un obeso rapado incluido-les pregunté: …y otra inexplicable es la de ser alcahuetes de los nazis. Es mucho, en serio. Ellos eran perdedores genuinos, pero ¿y ustedes? Chupamedias de los perdedores. Muy triste papel histórico… Y ahora, por fin la reacción esperada. Me agarraron de los talones y me castigaron con el Celemin y la Bielda, me aplicaron la Valiadera y me escupieron la cara con flemas horribles, de eslavos. Algunos castañazos en la mollera, coquitos y 8 cabezazos rumanos, que son iguales que los cabezazos tucumanos pero con dracu-dracu ¡El horror!
A continuación y junto a los quesos duros, llegaron los rosados y un Cabernet Turró muy amplio de paladar largo y nariz corrupta. Con las barricas móviles llegaron los hijos mayores de los dueños de casa, y algunos miembros del equipo de basket de la región. Esto se pone lindo pensé y les grité con mi viejo y querido megáfono: lo que no se puede creer es que los vikingos cuando precisaban algunos blanditos traga leches para que les hicieran las cosas domésticas decían: che, vayamos a buscar un par de eslavos a si limpian y arreglan todo este kilombo… Esto se ve que mucho no gustó. Me metieron en el Toro de Falaris, me colocaron el cinturón de San Erasmo y me arrancaron las uñas con la Turca. Una por una, no me dejaron ninguna. ¡Soy de carne! ¡Soy de carne!
Pasamos a los Tannats, los Clochard y los Moët Pupet. Repito, repito y repito. Hago buches con cerveza negra para limpiar. Limpio a fondo y recupero la visión.
Con la llegada de un lote de gente fresca-operarios, primos, un par de fanáticos religiosos y 6 barras del Estrella Roja-les pregunto en su proto idioma:
¿Y los nombres esos que le ponen a sus crías? ¿Cuál es el criterio? Juan Cruz, Bautista, Bernabé Baltasar, Tadeo Pedro ¿es de ultra católicos dementes? ¿o es solo para diferenciarse de los judíos? Ahhh…claro, no vaya a ser que algún nazi medio ignorante crea que Saric o Bucich suena a apellido de ruso, ¿no? Tienen miedo de ser confundidos con judíos. Es eso.
Ahora si, la reacción total: Armaron una fila y me cayeron con toda la maquinaria. Piquetes de ojo, desmembramiento, submarino seco, patada en el orto, despellejamiento, linchamiento, lapidación, cistitis, almuerzo con Cobos, picana a la Juan Bucetich, y entierro prematuro.
Alcancé a escapar por milímetros y mientras corría desnudo por el rastrojo del maíz, con las nalgas enrojecidas y ardientes, apreté rec en mi chiquitita grabadora: los eslavos o balcánicos, son bodrios, acomplejados y chupamedias, como el pinot burguiñon que producen, que parece que pega y al final solo te da acidez y un extraño escozor en la Insula.
