21 may. 2007

57 El Jorobado




Buen día. Yo tuve un buen día, porque me hice caso, le jugué al 46 y la pegué de nuevo. Bueno, voy a pedir otra ronda más de algo porque tengo un excedente de 878 pesitos. ¿Quiere más bondiola? delen ¿quiere kiwi? delen ¿quiere bailar minué? delen.
Ahora usted aquí cree que no va a poder dormir jamás. Sale a ver si alguien lo ayuda y encuentra a una ahorrista que le parte una cacerola por la cabeza y entonces, se duerme, mientras se arrastra abajo de un auto abandonado. Cree que es un Valiant IV 68´, se acomoda abajo de la pérdida de aceite y sueña que escupe sangre cada un metro, y queda un camino sangriento detrás suyo. Mira a unos bebés que tardan en salir lo que la madre quiere. Incluso hay algunos que viven toda su vida adentro y mueren ahí.
En la pared lee: mitad humano mitad monstruo y escucha a 4 modistas de pueblo alteradas por el acto escolar de una fecha patria. Parece que no llegan.
En su habitación trasera cae prisionero un perro raquítico. Se miran a los ojos y quedan paralizados. Parece que el animal tiró la bicicleta y quedó atrapado. Usted lo libera y la bestia huye aterrada. Antes de cruzar la tranquera se detiene, gira y se queda mirándolo. Le agradece con los ojos o algo así. Usted me parece que es demasiado sensible e interpreta cualquier cosa. Pero no se olvide que ahora está en la cubierta de un barco llamado “Yesterday” que transporta a miles de eléctricos de todo el país. Hay una tormenta y se escuchan portazos que vienen de todos los sectores. A usted ya no le importa, porque maneja por una ruta desierta y atropella una página de los clasificados que flota a 10 centímetros del suelo. Andaba perdída, y al mirar por el espejo retrovisor la ve destrozada en dos partes, apenas unidas por una tirita. Está todo oscuro menos la luz azul del televisor, que avanza en cámara lenta sobre una balsa en medio de un río del delta. Pasan imagenes y comprueba que su padre drogado se pone muy raro. Escucha a un tipo que dice con cara de farmacéutico: los pesimistas pagan en efectivo y se encuentra con un retardado mental que confecciona con mucha seriedad una clasificación de tipos de cabellera: abundante y grueso, estilo brocha, débil y escaso, cabello de ángel, electrificado, tirabuzón, lacio, y pegado a la cabeza. En una habitación hay personas quietas que no hacen nada y arañas viejas en un mueble de mimbre.
Lo persigue un Rotwailler por una casa gigante y usted escapa escaleras abajo.
Se le caen todos los dientes en un ratito y su mama le dice que no arroje caminos a la basura. Pero ya es tarde: sale una araña naranja con puntitos rojos de la cama y usted la mata con un libro que se llama “Historias que te bajan la presión”, que es un libro que está caliente siempre.
Póngase el gorro de cosaco y las orejeras de lana, si todavía mantiene una erección, envuelvala con una toalla tibia, camine camine camine, entre a su agencia amiga y pida tranquilo su número, que hoy le va a ir bien.

12 may. 2007

72 Sorpresa



Usted sale del teatro y mantiene una conversación muy interesante acerca del servicio doméstico: si limpian bien, si le roban, si se rompió el jarrón, si se comió 6 bananas y es un presupuesto, que si ya no vienen como antes, que si son con cama adentro o cama afuera, o si usted le puso la cama afuera en el patio, y cosas así. Tres horas después, usted está agotado y dice que se va, que no puede más, que está muerto, que todo le cuesta el doble, y así, hasta que lo viene a buscar el taxi. Con el taxista habla de política, que si Telerman es cabezón, o Cascioli es manco, que la inseguridad, que Lilita está más flaca o no, que la cara de Filmus esto o lo otro. Entre usted y el taxista hablan de política, aunque mucho mucho no les interesa.
Y usted cae rendido, con todo el torso sobre el asiento del copiloto. Desparrama sus brazos muertos sobre la guía Filcar y unos papeles que lleva el hombre. Se le arma su mano agachándose para apagar la estufa eléctrica y el momento en que se enoja por algún motivo misterioso, y le sacude una terrible patada y se le cae un vaso con agua helada sobre la estufa, se rompe en muchos pedazos, se apaga la estufa, y se corta la luz. ¿Puede parar de decir la palabra estufa? No se escucha nada, y está desnudo y con sed. Lo pica una avispa y parece que son las tres de la mañana, Prende la luz y la aplasta con un libro de Don Juan. Entonces cae en caída libre, mientras le acaricia los colmillos a un jabalí que está muy asustado. En el cielo ve que hay nubes altas y bajas y que el sol sale de a ratos. Ve a un señor que vomita ante la verdad de su realidad. Cree que el bebé dejó de llorar. Mira aterrado que se incorpora y les habla, a ustedes, con la voz de un viejo cantante folcklorico: ¡ Nunca más me dejen acá¡ Hace frío y tengo cosas que hacer, imbéciles!! La música que suena le produce un poco de miedo, pero no la saca. No puede permitir el avance del miedo. Si acepta que la música que está escuchando lo aterra, puede caer presa de un terror incontrolable con consecuencias nefastas. Huye de una boda inadecuada pero se olvida su campera, y los pies no le responden. Llega al final del camino y se encuentra con un perro al que no conoce.
Un perro enorme, tipo pastor alemán, pero mucho más alto, muy huesudo, y un poco subnormal. Apaga la música. El perro se acerca moviendo la cola. Baja del auto, y escucha los lamentos de los gatos, refugiados en el techo.
Prende las luces, abre las ventanas y busca algo para que coma esta bestia.
En pocos segundos, liquida todo su stock de sobras, incluyendo, fideos con moho, y medio pan dulce petrificado que sobró de navidad.
El monstruo lo adora. Choca su esqueleto contra el suyo, corre pájaros y se acerca para que lo felicite. Ladra si alguien se le acerca. Duerme en la puerta, sobre el piso. Es un perro fakir, y tiene problemas mentales. Los gatos no lo soportan. Monstruo le ladra a cosas invisibles, come moscas vivas, y nunca deja de tener hambre. Lee: el monstruo bueno en un volante.
Alguien corre con sus trenzas naranjas y sus cancanes de lana. Tiene una cara que dice cosas de otra persona. Para probar, espera hasta último momento que el barco se hunda y escapa nadando.
Recibe un Baldassi de agua helada en la cara. Pregúntele al gracioso que pasa, reprima su erección con actitud policial, cómo si no fuera suya, agarre las muletas y dele para adelante a la casa de quiniela de Bocho y Nela, y juegue, cagón!! Juegue todo, que usted no tiene nada.

4 may. 2007

Confieso que he bebido-11

Hoy: Japón

Mi renuncia fue rechazada. Sikorsky me quiere tener cerca para poder humillarme. Me llama con su tonito de falso amigo, y me entrega un sobre con mis instrucciones para el siguiente trabajo: México. Lo agarré, y avancé con pasos cortos al baño, a festejar. Por fin, un destino digno, la tierra del Mezcal y el Tequila. Pero debo ocultar mis emociones. Mientras reviso los papeles, descubro aterrado, que ha sido un error: este sobre no es el mío, es el de Carlos Souza, el protegido de Sikorsky. Subí mis pantalones, y caminé con tembleques y flojeras nuevamente a la oficina de mi jefe. Sonriendo me extendió el sobre correcto, y si, el destino es Japón, Japón! Me odia.
Me arrastré derrotado, al estacionamiento y busqué mi vehículo. En el baúl encontré el maletín de primeros auxilios: Absenta de primera calidad, en cantidades suficientes como para poder encarar un traslado a esa isla absurda, surcada por tsunamis y tifones de todo tipo. En fin. Lo cierto es que terminando la primer botella del brebaje colorido, comencé a hablar en japonés: uas dei ja! Insuo jiga jau!! Y practiqué durante unos 40 minutos el caminar ninja por entre los autos. Tuve que cortar cuándo Fernández me preguntó si estaba bien. Si, si, gracias, solo perdí la lente de contacto.
Ya más entusiasmado, partí al aeropuerto.
La finca de los hermanos Bellotti, japoneses nietos de italianos, se encuentra en la zona sur de la isla, cerca de Kagoshima, y se especializa, según me informan, en vino de arroz.
Lloré unos minutos, hasta que la azafata me acercó una dosis de Ron con hielo, y varias cervezas heladas. Insistí en que sean varias, para no tener que molestarla. Vino de arroz.
En el aeropuerto, me recibe un muchacho que se presenta como Toshiro, y me saluda varios minutos, subiendo y bajando la cabeza frenéticamente. Lo imito y la cosa se prolonga. Nos sacamos fotos el uno al otro, tac-tac-tac, muchas fotos.
Subimos a una autopista y oficia de guía de turismo. Me muestra el estadio de Nagasaky y comenta orgulloso que es de los más modernos del mundo. Este comentario calienta los párpados, y me hace recuperar la sensibilidad de las piernas, por lo que le consulto, si coincide en que Japón, junto a sus hermanos de Corea, organizaron uno de los mundiales más aburridos de todos los tiempos. Pero el hombre sonríe por el espejo retrovisor y saluda con la cabeza, una y otra vez. Diviso la entrada a la finca, y a los hermanos Bellotti esperando. Petisos, compactos, y en kimonos. Repetimos la operación interminable de saludos y nos sacamos fotos, durante unos 40 segundos. Tac-tac-tac.
Arrancan con el tema de la tecnología: un robot me acerca un sake de bienvenida, las barricas son controladas por una computadora central miniaturizada, tienen un sistema de recolección de última generación. Agobiantes, me convidan la primera copa de vino de arroz.
Y si, el hara-kiri es poco. La bomba atómica es poco.
Insisten con tres vueltas más y diferentes variantes: con sake, con guindilla asiática y la mar en coche. Pero aquí no ha pasado nada, y ni siquiera veo personas vivas cerca. Entonces miré a los petisos Bellotti, y les dije: ¿siguen con lo de la huelga a la japonesa? No creo que haya en ningún lugar del mundo una actitud tan tan tan alcahueta del sistema. Dan miedo.
Los Hermanos apretaron un botón en un árbol, y aparecieron los robots de seguridad: me dieron con el Bokutú, me lanzaron dardetas envenenadas con la Fukiya y me castigaron duro en las nalgas con un Jô verdoso. No está mal para ser un grupo de máquinas.
Pasamos a las uvas Koshu de la región de Kumamoto. Una vuelta, dos más, y cierran con un Sake caliente reposado. Unas robots mujeres acercan unos rollitos primavera y una picada de pez globo.
Entonces siento ese hormigueo extraño en el mentón, y pregunto con gusto a pescado: ¿nunca pensaron en que esta isla es poco apta para la vida humana? La uva es agria, hay terremotos, tienen la secta esa de los locos del gas Sarin, no sé, tal vez les convenía quedarse con China.
Me enrollaron con un Manrikigusari, me pusieron un Kimono beige y me aplicaron cañas de bambú entre las uñas de los dedos de los pies, llamaron a los robots de tortura, unos 7 y me dieron con todo durante 15 intensos minutos.
Bellotti me cuenta que en Japón, un adulto sólo bebe en promedio 2 litros de vino al año, mientras insiste en llenarme la copa con más vino de arroz, una variedad achardonada, que parece recibió buena critica de un apiolado norteamericano. Tomo 3, 4, y nada, creo que prefiero un chupito de salsa de soja. Pero gracias a dios, llegan 6 humanos, de buen aspecto, con una degustación de Sake ahumado añejo. Primera ronda, repetimos, combino con cerveza limpiadora y la cosa va queriendo. Entonces, me posiciono como David Carradine y les digo con cara de naipe:
¿Cuánto le pagaron a ese Parker para que les elogie esta cosa?
Encima es americano! Les tiraron la bomba atómica y los perdonaron, ahora son aliados!! Al final, mucho progreso, mucho aparatito, pero hicieron menos fuerza que Cuba y Vietnam.
Comenzaron algo llamado Kagura, una danza ritual terrorífica y me llené de entusiasmo. Máquinas y personas vivientes, 3 luchadores de sumo, y 4 nenas obesas con cara de animé, me estaquearon desnudo, me untaron con un producto asqueroso, agregaron unos monstruos horripilantes, y mientras me sacaban fotos me clavaron piretes afilados, me canalearon las carnes con cimitarras imperiales, y me gritaron todos juntos cosas muy feas en el oído derecho, que es mi oído bueno.
Agradecí a todos por tanta hospitalidad, y me fui salticando por entre los arrozales. Encendí mi chiquitita grabadora, y escribí: si bien es cierto que el vino de arroz es triste, polémico y poco machito, después de un rato te agarran ganas de hacer origami en desavillé con tu tía Chochi.